Food · Travels · Lifestyle · by Vanessa Collado

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Qué ver en Caldas da Rainha: mercado, cerámica y un parque de cuento

El 1 de septiembre de 2020 nos despertamos en Peniche con un plan bastante sencillo: pasar la mañana en Caldas da Rainha y regresar después de comer para descansar, bajar a la playa y seguir disfrutando de esos días tranquilos de final de verano.
Estábamos viajando con los abuelos y con Olivia, que entonces tenía tres años. Además, era 2020, estábamos en plena pandemia y las posibilidades de hacer planes eran bastante más limitadas de lo habitual. Así que buscábamos excursiones cercanas, fáciles, que pudiéramos hacer sin prisas y que nos permitieran volver a Peniche por la tarde.

Caldas da Rainha estaba muy cerca y yo tenía varias razones para querer conocerla.

Había visto fotografías del Parque D. Carlos I y, sobre todo, de aquellos enormes pabellones reflejándose en el lago. No sé si eran sus torreones, la arquitectura, la vegetación que los rodeaba o ese cierto aire decadente, pero inevitablemente me recordaban a Hogwarts y al universo de Harry Potter. Solo por verlos ya tenía ganas de acercarme hasta allí.






Y luego estaba la cerámica.

Había visto muchas veces esas fuentes portuguesas en forma de repollos, tomates, hojas, frutas y todo tipo de hortalizas que inevitablemente asociaba con Rafael Bordallo Pinheiro, y quería aprovechar la visita para buscar alguna pieza que pudiera llevarme a casa. No solamente como recuerdo de Caldas da Rainha, sino también para utilizarla después en los estilismos de las recetas del blog.

Y había una tercera razón: quería conocer su mercado.

Así que aquella mañana nos fuimos a descubrir Caldas da Rainha.


Una mañana de martes en la Praça da Fruta



Llegamos a Caldas da Rainha, dejamos el coche y comenzamos nuestra visita por la Praça da República, conocida como Praça da Fruta, donde encontramos el mercado en plena actividad.

Era martes y la plaza estaba llena de puestos. Frutas, verduras, flores, pan y productos de todo tipo llenaban de color el centro de la ciudad.

Nos entretuvimos bastante paseando entre ellos, mirando, haciendo fotografías y comprando alguna cosa. Entre aquellas compras cayó incluso uno de esos huevos de madera que antiguamente se utilizaban para zurcir calcetines para mi madre.

La Praça da Fruta era precisamente una de las cosas que quería conocer de Caldas da Rainha. Me encantan esos mercados en los que todavía puedes comprar fruta, verdura o el pan mientras la ciudad sigue haciendo su vida alrededor.

Y aquel martes por la mañana había tomates enormes, melocotones, uvas, melones, lechugas, coles, flores… En las fotografías de aquel día, además, hay algo imposible de obviar: las mascarillas. Era septiembre de 2020 y estábamos viajando en unas circunstancias que ahora parecen muy lejanas pero que entonces condicionaban prácticamente cualquier plan.

Después seguimos caminando tranquilamente hacia la zona termal y el Parque D. Carlos I.

No llevábamos ninguna prisa. Por el camino íbamos mirando escaparates, fijándonos en las fachadas y los azulejos y, como ya empezábamos a pensar en la comida, leyendo las cartas de los restaurantes que encontrábamos y sopesando dónde podríamos sentarnos después.

Pero nuestro verdadero objetivo aquella mañana estaba un poco más adelante.


El Parque D. Carlos I y aquel pequeño aire de Hogwarts

Llegamos al Parque D. Carlos I y Olivia hizo lo que mejor sabía hacer entonces: echar a correr.

Con tres años, aquel parque enorme, lleno de caminos, árboles y espacios verdes era prácticamente una invitación a hacerlo.

Nosotros, en cambio, teníamos la mirada puesta en los Pavilhões do Parque.

En 2020 estaban cerrados y deshabitados y, cuando los tuvimos delante, nos impresionaron incluso más que en las fotografías.

Aquel enorme edificio de finales del siglo XIX, con sus torreones y galerías, tenía ese aire de Hogwarts que me había llevado hasta Caldas da Rainha, pero también un punto decadente que le daba muchísimo encanto.

Aunque, al mismo tiempo, daba bastante pena verlo así.

Había ventanas rotas, vegetación creciendo en algunas zonas y se notaban perfectamente los años de abandono.

Rodrigo es de esas personas que ven un edificio así y lo primero que piensan es en lo que le gustaría entrar y explorarlo por dentro. Recorrer los pasillos, abrir puertas y descubrir qué queda detrás de aquellas ventanas. Evidentemente, no se podía.

Así que nos conformamos con rodearlos, observarlos desde fuera y hacer un montón de fotografías.


Los Pavilhões do Parque y la historia termal de Caldas

Caldas da Rainha está profundamente ligada al termalismo. Su propia historia se remonta a la reina Leonor de Portugal y al hospital termal fundado a finales del siglo XV para aprovechar las propiedades de sus aguas.

Mucho después, a finales del siglo XIX, Rodrigo Berquó proyectó los Pavilhões do Parque con la intención de convertirlos en el nuevo Hospital D. Carlos I y hacer de Caldas da Rainha una gran estación termal europea.

Curiosamente, los pabellones nunca llegaron a cumplir la función para la que habían sido construidos.

Durante más de un siglo tuvieron distintas vidas y llegaron a utilizarse como cuartel militar, comisaría y centro educativo. De hecho, en nuestras fotografías de 2020 todavía puede verse en una de las fachadas la antigua placa de la Escola Técnica Empresarial do Oeste.

Después quedaron vacíos.

Continuamos paseando por el parque hasta llegar al lago, desde donde se tiene probablemente una de las imágenes más bonitas de los Pavilhões, reflejándose sobre el agua y rodeados por la vegetación.

Y allí nos esperaba otra sorpresa.

Un cisne negro.




Puede parecer una tontería, pero ninguno esperábamos encontrarnos uno. Entre los patos, el pequeño puente cubierto de vegetación y el lago, aquel cisne terminó convirtiéndose en uno de esos pequeños recuerdos que, años después, todavía asociamos inmediatamente con aquella mañana en Caldas da Rainha.

Nos hicimos un montón de fotos.


El parque daba para ello y nosotros tampoco teníamos ninguna prisa. Olivia corría de un lado para otro, nosotros paseábamos alrededor del lago y los Pavilhões aparecían continuamente al fondo.


La cerámica de Caldas da Rainha

Cuando salimos del parque llegó otro de los momentos que llevaba esperando desde que habíamos decidido visitar Caldas: encontrar una de sus tiendas de cerámica.

La cerámica es una parte inseparable de la historia de Caldas da Rainha y probablemente el nombre que más ha contribuido a hacerla conocida fuera de Portugal sea el de Rafael Bordallo Pinheiro.

A finales del siglo XIX convirtió verduras, frutas, hojas, peces y animales en piezas de loza llenas de color, naturaleza y humor, creando un lenguaje que terminó convirtiéndose en uno de los grandes símbolos de la ciudad.

Yo había visto antes del viaje aquellas fuentes con forma de hojas de repollo, tomates, fresas y todo tipo de hortalizas y tenía clarísimo que quería traerme algo así de Caldas da Rainha.

Y encontré el sitio perfecto.

Era una de esas tiendas en las que cuesta saber dónde mirar primero. Las estanterías estaban llenas de platos, fuentes, jarras, gallinas, peces, frutas y verduras de cerámica.

Aquello era mi perdición.

Terminé comprando unos platos de tomate y repollo maravillosos.

No eran Bordallo Pinheiro —las piezas que compré están marcadas como Faióbidos Portugal—, pero para mí representaban exactamente lo que había ido buscando: llevarme a casa un pedacito de esa tradición cerámica tan característica de Caldas da Rainha.

Y además quería que fueran un souvenir útil.

No una de esas cosas que compras durante un viaje, guardas en un armario y no vuelves a ver. Aquellos platos se vinieron conmigo pensando ya en utilizarlos para los estilismos y fotografías de las recetas de Il Prezzemolo Tritato.





Seis años después siguen conmigo.

Y creo que esa es una de mis formas favoritas de recordar los viajes: rodearme de objetos que continúan formando parte de nuestra vida y que, cada vez que aparecen sobre la mesa, me llevan de nuevo al lugar donde los encontré.


Un último paseo por Caldas da Rainha

Con mis platos a buen recaudo seguimos paseando por la ciudad.

No teníamos una lista interminable de lugares que visitar ni pretendíamos tenerla. Aquello era simplemente una excursión de una mañana y queríamos disfrutarla como tal: caminar por sus calles, mirar fachadas y azulejos, entrar en alguna tienda y decidir sobre la marcha dónde parar.

Caldas da Rainha tiene mucho de esa arquitectura portuguesa que consigue que termines caminando con la mirada hacia arriba: fachadas cubiertas de azulejos, balcones, pequeños edificios llenos de detalles y comercios tradicionales.

También descubrimos esa otra cara mucho más divertida e irreverente de la cerámica tradicional de Caldas, con sus famosas malandrices y piezas satíricas que forman parte de la tradición cerámica de la ciudad.

Y finalmente llegó la hora de comer.

Terminamos en un sitio que recuerdo que nos gustó muchísimo, donde comimos muy bien y a un precio estupendo. Seis años después soy incapaz de recordar su nombre y, antes que inventármelo, prefiero dejarlo como uno de esos lugares que funcionaron de maravilla aquel día pero cuyo nombre se perdió por el camino.

Después de comer todavía nos quedaba nuestro pequeño ritual portugués: el café.

Paramos en una confitería tradicional portuguesa y, mientras los mayores alargábamos un poquito la sobremesa, Olivia tuvo un plan bastante mejor: terminó con un helado en una chocolatería que habíamos encontrado durante nuestro paseo.

Y ahí sí dimos por terminada nuestra visita a Caldas da Rainha.


De vuelta a Peniche

Volvimos a Peniche, nuestra base durante aquellos días y desde donde también habíamos descubierto uno de los lugares más impresionantes de aquel viaje: las islas Berlengas. Si estáis preparando una escapada por esta zona de Portugal, no os perdáis nuestra visita a este pequeño archipiélago frente a la costa de Peniche.

Nosotros regresamos a primera hora de la tarde, con tiempo para dormir la siesta, bajar después a la playa y continuar con ese ritmo tranquilo que buscábamos en aquellas vacaciones.

Y quizá por eso recuerdo con tanto cariño aquella excursión.

Caldas da Rainha no necesitó un día entero ni una lista interminable de monumentos para sorprendernos.

Un mercado lleno de frutas y verduras, un parque enorme por el que Olivia podía correr, unos pabellones decadentes que parecían sacados de otro tiempo, un cisne negro, unos platos de tomate y repollo que todavía me recuerdan aquel viaje y una buena comida fueron suficientes.

Porque viajar no siempre significa llenar un día entero de visitas.

A veces basta con conducir un rato, descubrir un cisne negro con una niña de tres años, imaginar que un antiguo hospital podría ser Hogwarts, comprar un par de platos de tomate y repollo y regresar a tiempo para dormir la siesta y terminar el día junto al mar.

Caldas da Rainha fue exactamente eso. Una pequeña excursión dentro de un viaje que, seis años después, todavía sigue apareciendo de vez en cuando sobre mi mesa.



Caldas da Rainha en 2026: información actualizada para preparar la visita

Han pasado seis años desde aquella mañana y, aunque este artículo cuenta nuestra experiencia del 1 de septiembre de 2020, quería dejar también algunos datos actualizados para quienes estén pensando en visitar Caldas da Rainha en 2026.

La Praça da Fruta

La Praça da Fruta continúa siendo uno de los lugares que merece la pena incluir en una visita a Caldas da Rainha. Su historia se remonta al siglo XV y mantiene una de las costumbres más características de la ciudad: el mercado diario al aire libre.

Actualmente se celebra todos los días, de 7:00 a 14:00, con puestos de frutas y verduras, pan, flores, artesanía y otros productos.

Mi recomendación sigue siendo la misma: ir por la mañana y comenzar aquí el paseo antes de dirigirse hacia el Parque D. Carlos I.

¿Qué ha pasado con los Pavilhões do Parque?

Esta era una de las cosas que más curiosidad tenía por comprobar seis años después.

En agosto de 2026, los Pavilhões continúan oficialmente desactivados y su rehabilitación figura todavía como un proyecto en desarrollo dentro del programa REVIVE.

Existe un proyecto aprobado para recuperar el conjunto y transformarlo en un hotel de cinco estrellas, respetando los edificios existentes e incorporando actividades relacionadas con la cerámica de Bordallo Pinheiro, el arte, la cultura y la tradición termal de Caldas da Rainha.

Así que aquellos edificios que nosotros encontramos cerrados y con ese aire decadente en 2020 todavía están esperando su transformación definitiva.

Si vais en 2026, no contéis con visitar su interior, pero siguen siendo uno de los grandes protagonistas visuales del Parque D. Carlos I y merece la pena acercarse para contemplarlos desde el exterior.

Si os interesa la cerámica

Si la cerámica es una de las razones por las que queréis conocer Caldas da Rainha, como me ocurría a mí, tened en cuenta que el Museu da Cerâmica está actualmente cerrado por obras de rehabilitación.

El museo posee una importante colección dedicada a la producción cerámica de Caldas da Rainha, desde el siglo XVII hasta el XX, con una presencia especialmente importante de Rafael Bordallo Pinheiro.

Aunque el museo esté temporalmente cerrado, la cerámica continúa estando por todas partes en Caldas. Tiendas, talleres y escaparates permiten seguir descubriendo esa tradición y, por supuesto, siempre podéis hacer como yo y regresar a casa con un souvenir que después realmente vayáis a utilizar.

Y si vais a finales de agosto de 2026…

Hay una razón extra para acercarse.

Del 26 al 30 de agosto de 2026 se celebra en el Parque D. Carlos I la tradicional Feira dos Frutos, uno de los acontecimientos más emblemáticos de Caldas da Rainha.

Durante esos días el parque reúne productos de la región, gastronomía, artesanía, actividades infantiles y música.

Si nuestra visita hubiese coincidido con ella, probablemente aquella excursión de una mañana habría terminado convirtiéndose en un día entero.

¿Cuánto tiempo dedicar a Caldas da Rainha?

Después de nuestra experiencia, sigo pensando que una mañana es suficiente para tener una primera toma de contacto con Caldas da Rainha, especialmente si estáis alojados en Peniche o recorriendo esta zona de Portugal.

Podéis comenzar por el mercado, pasear por el centro, acercaros al conjunto termal y al Parque D. Carlos I, ver los Pavilhões, buscar alguna pieza de cerámica y terminar comiendo antes de continuar vuestro viaje.

Si queréis visitar museos, conocer con más profundidad la historia termal de la ciudad o simplemente disfrutarla sin mirar el reloj, entonces sí merece la pena reservar algo más de tiempo.

Nosotros buscábamos una pequeña excursión para una mañana.

Y seis años después, la volvería a hacer exactamente igual.

Artículo basado en nuestro viaje del 1 de septiembre de 2020 y actualizado en agosto de 2026 con información práctica para preparar la visita.






Luna Celta de Solosancho 2026: programa y guía para visitar Ulaca

Hablar de Luna Celta para nosotros no es hablar de una fiesta a la que acudimos un fin de semana de agosto. Solosancho es nuestro pueblo, aquí están nuestras raíces por las dos partes de la familia, aquí hemos pasado buena parte de nuestra vida, de nuestra infancia y aquí seguimos volviendo, así que hemos visto nacer y crecer esta celebración desde sus comienzos y sabemos todo el trabajo que hay detrás para que, durante tres días, las calles se llenen de tribus, música, actividades y visitantes.



Hace ya unos años publicamos en el blog un artículo sobre Luna Celta contando nuestra experiencia en la edición de 2020 y que reeditamos en año pasado y este año hemos decidido no actualizar aquella entrada. Queremos conservarla tal y como se escribió entonces, porque forma parte también de la historia del blog y de nuestra forma de vivir aquella edición, y dedicar un artículo nuevo a un año que merece tener su propio espacio.

La Luna Celta de Solosancho celebra en 2026 su XX edición los días 21, 22 y 23 de agosto, veinte ediciones en las que la fiesta ha ido creciendo hasta convertirse en una de las citas importantes del verano en la provincia de Ávila, manteniendo al mismo tiempo la implicación de las peñas, las tribus, los vecinos y las familias de Solosancho, Baterna, Robledillo y Villaviciosa. La programación oficial vuelve a reunir visitas guiadas al Castro de Ulaca, mercado celta, música en directo, teatro, recreaciones históricas, juegos, cetrería, conferencias, espectáculos de fuego y los tradicionales ritos iniciáticos.

Luna Celta de Solosancho 2026: fechas y XX edición

La XX edición del Festival Luna Celta se celebra del viernes 21 al domingo 23 de agosto de 2026 en Solosancho. Este año, además de la programación habitual, se han incorporado una nueva zona de talleres, una zona infantil y más propuestas culturales, musicales y de espectáculos.

Aunque cuando se habla de Luna Celta desde fuera quizá lo primero que venga a la cabeza sea el mercado, las tribus o los espectáculos, quienes somos de aquí sabemos que la fiesta empieza mucho antes. Durante meses se preparan vestimentas, decoraciones, representaciones y actividades, se celebran reuniones con las tribus y los voluntarios y, conforme se acerca el fin de semana, se empieza a notar en el pueblo que Luna Celta está a punto de llegar. El propio Ayuntamiento hablaba este año de ese trabajo conjunto de los últimos meses y de una celebración que considera patrimonio de todo el municipio: Solosancho, Baterna, Robledillo y Villaviciosa.

Es también uno de esos fines de semana en los que vuelve mucha gente que vive fuera, las familias se reúnen y aparecen por las calles personas a las que quizá no hemos visto durante el resto del año. Ya lo contábamos en nuestro primer artículo, donde hablábamos de las comidas familiares multitudinarias y de cómo vecinos y peñas de los cuatro núcleos se vuelcan en la celebración.

Este año se alcanza además una participación récord, con diez tribus y alrededor de 300 personas implicadas directamente en las actividades. La previsión es que unas 3.000 personas participen en las actividades de Ulaca y que cerca de 10.000 visitantes pasen por el mercado durante el fin de semana, que contará con alrededor de medio centenar de puestos.

Una XX edición especialmente importante

Llegar a la vigésima edición tiene también este año un significado especial porque Luna Celta forma ya parte de la Asociación Española de Fiestas y Recreaciones Históricas, que incluye la celebración de Solosancho en su calendario oficial de 2026.

Es un paso importante para una fiesta que comenzó en 2005, cuando un grupo de personas propuso crear una celebración relacionada con la historia del municipio. Aquel mismo año se organizó el primer Mercado Celta, con apenas cuatro puestos, acompañado de una recreación del ataque al castro por las tribus enemigas. Dos décadas después cuesta comparar aquella primera celebración con todo lo que supone actualmente Luna Celta.

El Ayuntamiento ha anunciado además que, tras alcanzar estas veinte ediciones, comenzará los trámites para solicitar la declaración de Luna Celta como Fiesta de Interés Turístico Regional.

Y aunque todo eso es importante, para comprender realmente por qué Luna Celta se celebra aquí hay que hablar del lugar alrededor del cual gira buena parte de nuestra historia: el Castro de Ulaca.

El Castro de Ulaca

El Castro de Ulaca, situado sobre el cerro que se levanta junto a Villaviciosa, fue uno de los grandes asentamientos vetones de este territorio. Su ocupación está datada principalmente entre los siglos III y I a. C. y el recinto ocupa unas 70 hectáreas, convirtiéndose en el núcleo más grande e importante del Valle Amblés.

Para quienes somos de aquí Ulaca no es únicamente un yacimiento arqueológico que visitamos cuando llega Luna Celta. Es una montaña que forma parte de nuestro paisaje habitual y que vemos durante todo el año, por eso resulta especialmente bonito comprobar cómo durante estos días miles de personas vuelven a subir hasta el castro y se interesan por la historia de quienes habitaron este valle hace más de dos mil años.

En el yacimiento todavía se pueden conocer algunos de sus elementos más representativos y comprender un poco mejor la dimensión que llegó a tener este asentamiento. Y es precisamente aquí donde comienza uno de los momentos más especiales de todo el festival.

La subida a Ulaca durante Luna Celta

El viernes Luna Celta vuelve a comenzar con la tradicional subida al Castro de Ulaca, donde se desarrollan diferentes actividades y la representación teatral. En esta vigésima edición la obra ha sido escrita por Cristina Hernández y está dirigida por Pilar Rodríguez.

Si nunca habéis subido al castro y queréis hacerlo durante Luna Celta hay varias cosas que debéis tener en cuenta, porque no estamos hablando de un paseo urbano. La subida tiene desnivel y transcurre por terreno natural, por lo que es importante llevar un calzado adecuado y evitar sandalias o cualquier zapato que no tenga suficiente agarre.

En nuestro primer artículo ya recomendábamos llevar zapatillas de trekking o botas de montaña, agua, algo de abrigo y una linterna o frontal, especialmente porque se puede realizar la subida durante el día y terminar bajando completamente de noche después de las actividades. También aconsejábamos llevar una bolsa para recoger todos los residuos si vais a merendar o cenar arriba.

Aunque sea agosto y durante el día podamos tener bastante calor, tampoco os olvidéis de una sudadera o de alguna prenda ligera de abrigo. Estamos en Ávila y muy cerca de la sierra, así que cuando desaparece el sol la temperatura cambia bastante y, si vais a permanecer varias horas en Ulaca, seguramente acabaréis agradeciéndola.

Subir al Castro de Ulaca con niños

Una de las preguntas que nos hacen cuando recomendamos la visita a Ulaca es si se puede subir con niños y nuestra respuesta sigue siendo la misma que dábamos ya hace años: sí, pero hay que valorar la edad del niño, su autonomía y lo acostumbrado que esté a caminar por el campo.

Con niños que caminan solos y tienen cierta resistencia se puede realizar sin problemas especiales si se va con calma y se adapta el ritmo. Si hablamos de bebés o niños pequeños nuestra recomendación es utilizar mochila de porteo, porque permite llevar las manos libres y caminar con más seguridad por el terreno. El carrito no es adecuado para esta subida.

Si venís en familia tampoco es necesario intentar abarcar todo el programa. En agosto puede hacer bastante calor durante las horas centrales y siempre será mejor organizar el día según la edad de los niños, buscar momentos de descanso y plantear la subida a Ulaca solo si pueden realizarla cómodamente.

El Mercado Céltico-Vettón

Durante el sábado y el domingo buena parte de la actividad se traslada a las calles de Solosancho con la apertura del Mercado Céltico-Vettón, uno de los elementos que ha acompañado a Luna Celta prácticamente desde sus comienzos y que este año reúne cerca de medio centenar de puestos.

Artesanía, gastronomía, talleres y diferentes actividades ocupan las calles durante todo el fin de semana, aunque el mercado es únicamente una parte de una celebración mucho más amplia en la que participan las tribus y los propios vecinos.

Y aquí conviene hacer una pequeña aclaración porque muchas veces este tipo de fiestas se meten todas en el mismo saco. Luna Celta no pretende ser un mercado medieval, sino una celebración vinculada al pasado celta-vetón de este territorio y al propio Castro de Ulaca. Ese vínculo con la historia real del municipio es precisamente una de las cosas que le dan personalidad.

Durante esos días el centro de Solosancho se llena de visitantes y el ambiente continúa hasta bien entrada la noche, por lo que merece la pena recorrer el mercado con calma, participar en las actividades y dejar también tiempo para sentarse, comer o tomar algo y disfrutar simplemente del ambiente del pueblo.

Las tribus de Luna Celta

Las tribus son una de las imágenes más reconocibles de Luna Celta y también una buena muestra de la implicación de los vecinos en la celebración. Este año se alcanza el máximo de diez tribus, con unas 300 personas participando en las diferentes actividades.

Durante el fin de semana las vemos participar en concentraciones, desfiles, juegos, recreaciones y diferentes actos. Para quien viene por primera vez, el momento en el que empiezan a aparecer las tribus por las calles y cambia por completo el ambiente del pueblo es seguramente uno de los más llamativos.

Detrás de todo esto hay muchas horas de trabajo que no se ven cuando uno llega y encuentra la fiesta ya montada. Quienes la vivimos desde dentro sabemos la cantidad de vecinos y voluntarios que colaboran para que todo salga adelante y quizá por eso esta sea también una de las partes que más valoramos.

Qué podemos encontrar en Luna Celta 2026

La programación oficial de la XX Luna Celta se reparte a lo largo de los tres días y combina historia, cultura, música y actividades familiares. Entre las propuestas de esta edición encontramos visitas guiadas al Castro de Ulaca, mercado celta, teatro, música en directo, recreaciones históricas, juegos, cetrería, conferencias, espectáculos de fuego y ritos iniciáticos, además de las nuevas zonas de talleres y actividades infantiles.

El viernes 21 de agosto vuelve a estar especialmente relacionado con Ulaca y con la representación que tiene lugar en el yacimiento, así que si queréis conocer la parte que conecta directamente la fiesta con su origen histórico es una de las jornadas que merece la pena vivir.

Durante el sábado 22 de agosto el centro de Solosancho concentra buena parte del ambiente del festival con el mercado, las tribus, los talleres, las actividades infantiles, la música y los espectáculos. Si solo podéis venir durante una jornada y viajáis con niños, probablemente sea el día en el que encontraréis una oferta más amplia de actividades diferentes.

El domingo 23 de agosto continúa el mercado y siguen desarrollándose las actividades, recreaciones y espectáculos antes de finalizar esta vigésima edición.

PROGRAMA OFICIAL COMPLETO DE LUNA CELTA 2026

Si estáis interesados en una actividad concreta, os recomendamos consultar siempre el programa oficial antes de organizar la visita para poder cuadrar horarios y desplazamientos.

Luna Celta con niños

Luna Celta siempre ha sido una fiesta muy vinculada a las familias y este año se ha reforzado todavía más esa parte con un nuevo espacio recreativo infantil, además de los talleres y actividades que ya forman parte de la programación.

Más allá de los espectáculos, nos parece una manera muy bonita de acercar a los niños a la historia del lugar. Una cosa es hablar de los vetones en un libro y otra muy distinta poder subir hasta Ulaca, recorrer el lugar donde vivieron, ver una representación, encontrarse con las tribus por las calles y entender que aquello que están aprendiendo sucedió precisamente en el valle que tienen delante.

Como siempre, si venís con niños pequeños es mejor adaptar el día a sus horarios, evitar las horas de más calor cuando sea necesario y no intentar hacer todas las actividades del programa.

Qué llevar a Luna Celta

Para pasar el día en Solosancho no hace falta ninguna preparación especial, pero sí damos siempre un consejo a quienes vienen desde fuera: traed algo de abrigo para la noche. Durante el día podemos tener temperaturas altas y, sin embargo, en cuanto cae el sol refresca bastante.

Si vais a subir a Ulaca añadid calzado adecuado, agua, protección solar, una mochila cómoda y una linterna o frontal si tenéis intención de permanecer hasta después de las actividades. Si lleváis bebés o niños pequeños, mochila de porteo, y si vais a comer o merendar arriba, una bolsa para bajar con todos vuestros residuos.

Dónde comer, comprar y dormir durante Luna Celta

Para que os resulte más fácil organizar la visita, os dejamos nuestros mapas interactivos de Solosancho y Luna Celta, donde podéis localizar bares, restaurantes, alojamientos, comercios y otros servicios útiles durante el fin de semana.

También encontraréis diferentes puntos relacionados con las actividades y con el entorno del Castro de Ulaca, de modo que podáis consultar la información cómodamente desde el móvil durante vuestra visita.



 

Si queréis quedaros a dormir todo el fin de semana encontraréis alojamientos rurales tanto en Solosancho como en Villaviciosa, Baterna y Robledillo, además de otras opciones en el Valle Amblés y en Ávila capital. En nuestro antiguo artículo ya incluíamos un amplio listado de alojamientos y servicios del municipio.

Nuestra Luna Celta

La primera vez que hablamos de Luna Celta en Il Prezzemolo Tritato fue para contar nuestra experiencia en la edición de 2020, con la subida al Castro de Ulaca, el mercado, las actividades y todo lo que vivimos durante aquel fin de semana.

Hemos decidido conservar aquel artículo tal y como está, porque no queremos ir transformándolo cada año simplemente cambiando fechas y programas. Aquella entrada es nuestra experiencia de esa edición y forma parte de la historia que hemos ido contando en el blog. 

Este nuevo artículo nace para poder contar la Luna Celta actual sin perder todo aquello y también para incorporar algo que entonces no utilizábamos de la misma forma: los vídeos que hemos ido compartiendo en Instagram y que muestran mucho mejor de lo que podríamos explicar con palabras el ambiente que se vive durante estos días.

Para nosotros, además, resulta inevitable vivir Luna Celta de una manera distinta a quien llega al pueblo por primera vez. Las dos partes de nuestra familia son de Solosancho, conocemos a muchas de las personas que participan, nos encontramos con familiares y amigos por las calles y sabemos que detrás de lo que el visitante disfruta durante tres días hay meses de trabajo y muchísima gente implicada.

Quizá por eso hace especial ilusión llegar a esta XX edición y mirar atrás. La Luna Celta ha cambiado, ha crecido muchísimo y cada año atrae a más personas, pero sigue teniendo una parte profundamente vinculada al pueblo y a las familias que la viven desde dentro.

Cuando acabe el fin de semana se desmontará el mercado, se guardarán nuevamente los trajes y poco a poco las calles volverán a la normalidad, mientras Ulaca seguirá ahí arriba formando parte del mismo paisaje que vemos durante todo el año. Y cuando vuelva a acercarse agosto empezaremos otra vez a notar que se aproxima Luna Celta.

Este año celebramos veinte ediciones, así que si todavía no la conocéis y os apetece descubrirla, los días 21, 22 y 23 de agosto de 2026 nos vemos en Solosancho



Islas Berlengas desde Peniche: una aventura en mitad del Atlántico

Después de meses encerrados en casa y de reservar unas vacaciones en un hotel nacional donde cada día aparecía una nueva restricción, sentimos que aquello se parecía más a un ingreso en prisión que a unas vacaciones.

Necesitábamos aire, espacio y naturaleza. Portugal se convirtió en nuestro refugio.

Recuerdo perfectamente aquellos meses. Pasamos gran parte del confinamiento planeando viajes y soñando con lugares a los que volver cuando todo aquello terminara. Portugal aparecía una y otra vez en nuestras conversaciones y no nos decepcionó.




Elegimos Peniche y el centro de Portugal, que a finales de junio había recorrido Joana, de Mamás Viajeras, y que nos había dejado completamente enamorados.

Así que en agosto de 2020 pusimos rumbo a Portugal para recorrer lugares como Óbidos, Caldas da Rainha y Peniche, disfrutar de sus playas salvajes y volver a sentir esa libertad que tanto habíamos echado de menos durante los meses anteriores.

Pero aquel viaje tenía algo más especial. Por primera vez desde que tenía seis años iba a compartir unas vacaciones con mis padres. Vacaciones habíamos compartido muchas en el pueblo, pero nunca un viaje así, descubriendo otros destinos juntos. Olivia estaba emocionada y los mayores estábamos encantados de poder volver a viajar todos juntos después de tantos meses separados.

Viajar con tres generaciones de una misma familia tiene algo difícil de explicar. Hay conversaciones, recuerdos y momentos que no se repiten con frecuencia y que terminan convirtiéndose en los recuerdos que más valoras cuando vuelves a casa.

No habíamos preparado demasiados planes. Después de tantos meses encerrados queríamos fluir y dejarnos llevar. Pero sí tenía una cosa clara desde antes de salir de casa: quería visitar las Islas Berlengas.

Había visto fotografías de sus aguas transparentes, de la fortaleza erigiéndose sobre el Atlántico y de aquellos paisajes salvajes que parecían pertenecer a otro tiempo.

Lo que no sabía es que aquella excursión también nos dejaría algunos momentos inesperados.

La decisión la tomamos después de comernos un arroz de tamboril en el mismo puerto de Peniche. Error. Viajar con la enana después de comer y con el Atlántico algo rebelde no fue nuestra mejor idea.

Olivia se mareó durante la travesía y el viaje empezó de una forma muy distinta a la que habíamos imaginado.

Cuando llegamos a la isla hacía muchísimo calor.

Aun así, años después, sigo pensando que fue una de las excursiones más diferentes, más accidentadas y también una de las que más nos enseñó de todo aquel viaje por Portugal.


VISITAS Y TOURS. –


Las Islas Berlengas se encuentran a unos diez kilómetros de la costa de Peniche y solo pueden visitarse en barco.

Es recomendable reservar con antelación, especialmente durante los meses de verano.

Actualmente varias compañías realizan el trayecto:

Viamar

https://viamar-berlenga.com

Berlengatur

https://berlengatur.com

Feeling Berlenga

https://www.feelingberlenga.pt

He actualizado los precios a 2026 para que tengáis una referencia más útil que la de nuestro viaje.

El ferry ida y vuelta suele situarse entre los 18 y los 30 euros por persona dependiendo de la compañía y la temporada. Si queréis visitar las cuevas, existen diferentes packs que incluyen ambas actividades.

Antes de reservar os recomiendo revisar bien qué incluye cada billete y comprobar si el Berlengas Pass está incluido o debe abonarse aparte.





ANTES DE SUBIR AL BARCO. -


Si vais con niños pequeños, con personas mayores o si sois propensos al mareo, os recomiendo ir preparados.

El trayecto no es especialmente largo, pero el Atlántico tiene carácter.

Olivia se mareó y terminó vomitando durante la travesía.

Por suerte se recuperó rápidamente al llegar a la isla y acabó disfrutando de la excursión como la que más, pero es una de esas cosas que conviene saber antes de embarcar.


LA VISITA A LAS CUEVAS. -


Cuando compréis los billetes seguramente os ofrecerán añadir la visita a las cuevas.

Para mí merece completamente la pena.

La salida se realiza desde el mismo puerto donde desembarca el ferry y permite descubrir rincones de la isla que desde tierra son imposibles de ver.

Recuerdo perfectamente aquel recorrido.

Cuando subimos a la pequeña embarcación pensaba que sería una excursión más para ver algunas rocas desde el agua, pero me equivoqué.

Las Berlengas esconden lugares realmente sorprendentes.

Uno de los más conocidos es la Cueva Azul, donde la luz se refleja sobre el agua creando unos tonos turquesa espectaculares.




También pasamos junto a la conocida Cueva Arco Iris, una de las imágenes más fotografiadas de todo el archipiélago.



Mientras la embarcación avanzaba lentamente entre las rocas fue cuando entendimos por qué esta excursión es una de las actividades más populares de las Berlengas.

Hay algo importante que conviene saber.

Lo habitual es que la excursión os deje en la zona de la fortaleza y que la vuelta se haga caminando. Sobre el papel parece sencillo, pero si hace mucho calor o viajáis con niños pequeños o con personas mayores puede hacerse bastante más pesado de lo que parece.


¿QUÉ VISITAR? . -


Fuerte de San Juan Bautista

Es la imagen más conocida de las Berlengas y probablemente la fotografía que todos hemos visto alguna vez antes de visitar la isla.

La fortaleza está construida sobre un islote unido a tierra por un puente de piedra y actualmente funciona también como alojamiento.





Llegar hasta allí es parte de la experiencia y, si viajáis con niños, probablemente será uno de los momentos más emocionantes de toda la excursión.

Los senderos de la isla

Si vais esperando una isla llena de monumentos os vais a llevar una sorpresa.

Aquí el protagonista es el paisaje.

Las vistas, los acantilados, el océano y la sensación de encontrarte en un lugar aislado en mitad del Atlántico.

La pequeña playa

Junto al puerto encontraréis una pequeña playa donde mucha gente aprovecha para darse un baño.

Nosotros también terminamos allí después de caminar bajo el sol de agosto.

Y os aseguro que aquel baño nos supo a gloria.


¿QUÉ LLEVAR A LAS ISLAS BERLENGAS?. -


Si vais a visitar las Berlengas hay varias cosas que no deberían faltar en vuestra mochila:

  • Agua.
  • Comida.
  • Protección solar.
  • Gorra o sombrero.
  • Calzado cómodo.
  • Bañador.
  • Toalla ligera.
  • Algo para el mareo.
  • Prismáticos.
  • Bolsas de basura.
  • Dinero en efectivo.

No es el día de ir mona y con bolsito. Es el día de convertirte en exploradora y contar historias de piratas a tus hijos mientras recorres una isla en mitad del Atlántico.

También os recomiendo llevar prismáticos porque las Berlengas son un importante refugio ornitológico y merece mucho la pena observar las aves.


NUESTRA EXPERIENCIA REAL. -


Creo que si volviera hoy a las Berlengas disfrutaría más la excursión.

No porque la isla haya cambiado, sino porque ahora sé lo que me voy a encontrar.

Nosotros llegamos pensando que habría algún sitio donde tomar algo, que encontraríamos más información o que, si nos cansábamos, podríamos organizarnos de otra manera para volver a Peniche.

Y no fue así.

Recuerdo especialmente el pequeño bar cerrado por problemas de suministro y la sensación de estar un poco a nuestra suerte. Normalmente no habría tenido importancia, pero aquel día viajábamos con Olivia, que tenía tres años, y con mis padres. Además, hacía muchísimo calor y todavía quedaban varias horas para que saliera nuestro barco de regreso.

No fue ningún drama.

Simplemente fue una de esas situaciones en las que piensas que te habría gustado tener más información antes de embarcar.

Por eso creo que las Berlengas son una excursión preciosa, pero conviene ir preparado y entender que gran parte de su encanto está precisamente en que sigue siendo un lugar bastante salvaje.


DONDE COMER. -


Existe un pequeño bar en la isla, aunque durante nuestra visita estaba cerrado por problemas de suministro.

Por eso os recomiendo llevar siempre algo de comida y agua, especialmente si viajáis con niños.

Al regresar a Peniche encontraréis muchas más opciones para comer o cenar tranquilamente.


DONDE DESAYUNAR O MERENDAR. -


Mi recomendación es desayunar en Peniche antes de embarcar y dejar la merienda para la vuelta.

Después de una jornada completa entre barcos, caminatas y calor, sentarse en una terraza al regresar sabe especialmente bien.


DONDE COMPRAR. -


Más que comprar recuerdos, yo invertiría el tiempo en organizar bien la excursión antes de salir.

Reservar con antelación, revisar horarios y llevar todo lo necesario para pasar el día hará que disfrutéis mucho más de la experiencia.


Y AHORA OS PREGUNTO YO…


Cuando pienso en las Berlengas no recuerdo el ferry, ni los horarios, ni siquiera el calor.

Recuerdo a Olivia corriendo hacia la pequeña playa nada más llegar, a mis padres disfrutando de un viaje que llevábamos años sin compartir y esa sensación de estar en un lugar diferente, salvaje y auténtico. De esos que, cuando vuelves a casa, sabes que vas a recomendar una y otra vez.

Quizá por eso, cuando alguien me pregunta por las Berlengas, nunca empiezo hablando de la fortaleza, de las cuevas o de los barcos.

Empiezo hablando de aquel viaje.

Porque al final los destinos son importantes, pero los recuerdos que construimos en ellos lo son mucho más.


MAPA. -